viernes, 15 de agosto de 2014

9 de agosto. 2010

Qué difícil es, ¿no? Cuando quieres algo y no puedes tenerlo. Y lo que es peor, cuando sabes que pudiste haberlo tenido, y te das cuenta de que quizás, solo quizás, tomaste la decisión equivocada.
Una noche, una mirada, una decisión puede cambiarlo todo, puede estropearlo todo.
Pero eso es vivir. Finalmente se trata solo de aprender a caminar con las consecuencias de nuestras decisiones persiguiéndonos y acechando tras cada esquina.

¿Sí? ¿No? ¿Me acerco? ¿Mantengo las distancias? ¿Hago todo lo que puedo por ti, pongo todo de mi parte? ¿O me doy por vencida?
No tengo respuesta a ninguna de esas preguntas. Sencillamente sé lo que pasó. Te tuve más cerca de lo que volveré a tenerte nunca, y me fui con él. ¿Fue un error? Para eso tampoco tengo respuesta. Sé que te hice más daño de lo que creía posible. Y puede que ahora sea demasiado tarde para volver a intentarlo. Puede que no estés dispuesto a darnos una segunda oportunidad.
Quizás el momento ya pasó, y ahora sea tarde para arrepentirse.

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